
Que tonta una mujer que le escribe una carta a un hombre que la ha dejado abandonada en un umbral, en un rincón,en un cuarto vacío,en una calle sin nombre, en un cementerio... Y ella lo llama a los gritos (no sabe si él la oye), ella grita, llora, suplica... No sabe dónde está él. Y él está mirándola desde la oscuridad. Escondido.Oyendo sus gritos, sus lamentos, viéndola retorcerse de dolor; pero no responde,no se acerca, se marcha a hacer "sus cosas de hombre", su recorrido obligatorio de hombre, que no sabe bien para que es, pero es lo que los hombres hacen aunque el diluvio no perdone los trigales ni los tigres. Y luego regresa para comprobar que ella sigue allí, llorando, con miedo, con soledad, con los sueños partidos en pedacitos pequeños, y los espejos tan empañados que no reflejan nada. Que mujer tonta, que busca razones para creer que merece la desdicha, que jamás podrá volver a ser feliz, que ella tiene la culpa por haberse inventado la magia y el amor. ¿Los hombres no sienten culpa? ¿No les traspasa la garganta la aguja de plata de la incertidumbre? ¿No se ven en las manos las manchas azules del llanto? ¿Esperan, alguna vez, algo que provenga del amor? ¿De qué se enamoran? ¿Qué les interesa saber de la mujer que dicen "amar"? ¿Alguna vez responden a las preguntas sin pensar que es un interrogatorio policial? ¿Alguna vez cierran los ojos con confianza, entregados? Que tonta una mujer que se pone a escribir una carta de amor. ¡Qué tonta soy!. Porque soy yo esa tonta. Ya debería saber que los milagros no se repiten en la vida misma. Que no se puede forzar la realidad: es como es,no debemos inventarla continuamente. Debería saber que la distancia que separa a las personas es un animal carnívoro que se las va comiendo sin dejar rastro. La próxima vez elige a alguien emocionalmente más fuerte, más preparada para soportar situaciones de dolor.He sufrido mucho. Ya ves: la niña del río de los pájaros nunca debió salir de su torrecita de marfil. Allí no te conocía. Estaba sola y casi muerta, pero no se agitaba, no temblaba, no deseaba, no esperaba nada. Hubiera podido llegar hasta el fin sin volver a llorar. Pero irrumpiste, rompiste la distancia fija,me dijiste que me dabas tu corazón, que me amabas, que era para siempre. Y yo me volví loca de alegría. ¡Me enamoré! Lo que no sé... es si lo tuyo existe, existió, fue un sueño y ahora se convirtió en pesadilla. ¿Dónde escondiste las sombras carcomidas? ¿En que arcón con candado el alud imparable de esas noches amándonos? Dentro de la carta van mis sollozos... en puntas de pie. Va mi oxidada ternura. Van mis velos descorridos para que veas mi corazón. Mis sueños enganchados en las ramas de un tilo florecido. El corazón que llenaste de luces y promesas... y ahora está atento, crispado, desorbitado... latiendo a mil dentro de esta tonta que se para en la esquina esperándote... esperando al viento...antes de que los pajaritos se lleven la ciudad a otra parte...
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